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Es una pena que a veces uno deba ocuparse de cosas tan bajas, y no me estoy
refiriendo a la conocida condición de minúsculo hombrecito de Eduardo Feinman, sino a su
pigmea condición moral, su paupérrimo nivel intelectual y su nula aptitud profesional.Parece que aún existen individuos en nuestro país que no se han
percatado que vivimos en Democracia. Y cuando un Ciudadano tiene el pleno ejercicio de sus
derechos civiles y políticos para votar, como es mi caso, también la Constitución
Nacional le garantiza iguales derechos civiles y políticos para ser votado. A no ser,
claro está, que estuviere incurso en alguna inhibición de orden judicial o penal, cosa
que tampoco rige sobre mi persona.
Haciendo entonces legítimo uso de mis Derechos
Constitucionales y motivado por mi Vocación Cívica y Democrática, me presenté en conferencia de
prensa el pasado 20 de noviembre, anunciando en forma oficial la candidatura a Jefe
del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y dando a conocer -como corresponde y
generalmente no se hace-, los principales puntos de nuestro Programa.
Medios como Crónica TV o el Buenos Aires Herald, por citar
dos fuentes con posturas diametralmente opuestas, cubrieron con objetividad el evento.
Es públicamente conocido el armado malintencionado, falaz
y sensacionalista, que montó esa misma noche la audición "Despues de Hora" del
Canal 9, que ni siquiera estuvo en la conferencia de prensa, para tratar de atacar o
ridiculizar mi imagen. No es tampoco algo que me sorprenda, pues en estos largos años de
lucha contra todo un sistema de corrupción e intolerancia, fueron muchas las veces en que
cierto periodismo amarillo desató sus campañas mediáticas buscando destruirme, hecho
que lamentablemente para ellos, nunca lograron. Además, todos sabemos que cuando los
patrones o los amos se enojan, los esclavos chillan... Y siendo conocidas en forma masiva
por todo el país, a través de múltiples bloques y repeticiones de Crónica TV, mis
palabras sobre Menem, a quien califiqué y sigo como calificando como "traidor a la
Patria", es lógico que el canal de Menem, regenteado por su testaferro Daniel Hadad
y su corte de adulones, tuviera una reacción de ese calibre.
Pero considero que todo tiene un límite. A mi realmente no
me preocupa lo que determinados sectores o individuos de dudosa trayectoria, puedan decir
sobre mi persona. Toda mi vida ha estado signada siempre por una línea de conducta y una
coherencia de la que ellos carecen. Estoy acostumbrado a enfrentarme a gobiernos locales,
a presiones internacionales, a presidentes que piden mi cabeza en "bandeja de
plata", a ministros que corren a los tribunales para iniciarme nuevos procesos, a
estar frente a los flashes de la notoriedad o tener un mate cocido y un pan, bancándome
la desolación de una celda en Villa Devoto. Se que soy un hombre polémico, que mis ideas
u opiniones pueden ser polémicas, pero también sé que siempre las he expresado en el
marco de la Ley y el Orden. Y que cada vez que salí de la prisión, cuando la Justicia
daba por tierra con las mentiras del poder político, mi única actitud pública fue la de
insistir en el ejercicio de mis Derechos Constitucionales, repitiendo hasta el hartazgo
que mi verdadadera frustración no era el haber padecido lo que padecí, sino que sólo
deseaba poder participar alguna vez de una elección, para someterme y conocer la voluntad
de mi Pueblo.
Me entristece el decadente espectáculo de alguien que yo
consideraba un periodista serio, como Antonio Laje, prestándose por 30 dineros al
fantasioso escenario que se tomaron el trabajo de poner en pantalla sus superiores. En
todo caso, serán mis abogados los que tendrán que representarme en las acciones
judiciales que iniciaré en estos días, contra el canal, el programa, sus productores,
etc.
Pero la cuestión no terminó allí, sino que faltaba que
alguien, todavía más obsecuente al "jefe" ofendido, coronara con sus insultos
la campaña de odio. Y como para estas tareas sucias se suele buscar a individuos
marginales y de avería, nadie mejor que Eduardo Feinman. Un nostálgico de pasadas
tiranías antipopulares que ahora se jacta de ser un opinólogo, que hasta le han comprado
su propio ciclo televisivo, y que para colmo presume de abogado. Sus únicos argumentos
fueron el llamarme en un estado de histeria patológica "nazi asqueroso" e
"hijo de puta", lo que demuestra a las claras el abismo que existe entre lo que
debería ser un profesional del periodismo y un alcahuete de barricada.
Años de experiencia de enfrentar y derrotar a provocadores
de variada calaña, me indican que el pequeño hombrecito Feinman y sus mandantes,
hubieran deseado alguna reacción destemplada de mi parte, para que luego éste asumiera
la condición de "victima" a manos de un "nazi enérgumeno, violento y
autoritario". Ya conozco esa historieta. Por eso lo único que me limité a informar
esa misma noche a la producción del canal, es que "nos veríamos en
Tribunales". Algo que pareció quemar los planes del opinólogo boca sucia, que ya
fuera de sí y no contento con sus insultos en Canal 9, volvió a repetirlos un día
después, agravados, en Cablevisión, tal como figuran debidamente grabados en la copia
del video que conservamos de su audición, y que presentaremos oportunamente ante la
Justicia.
Por supuesto, que ninguna de mis propuestas puntales
dirigidas al Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, fue siquiera mencionada en esos
programas, pero sí se dedicaron a tomar frases aisladas, sobre opiniones mías de
cuestiones históricas, sucedidas hace más de medio siglo, y que nada tienen que ver con
las preocupaciones de nuestro Partido y mucho menos con los problemas o aspiraciones
actuales de nuestra sociedad. Pero si opinar distinto sobre hechos del pasado, me invalida
para participar de la Democracia, instalemos entonces una tiranía a la medida de Feinman
y su comparsa.
Como bien reprodujo el Buenos Aires Herald en su
edición del 21 de noviembre, quien esto suscribe se encuentra "en las antípodas del
racismo y del antisemitismo de Hitler", y únicamente he manifestado mi interés,
como también señala el objetivo artículo del matutino, por determinados aspectos de la
política social y económica implementada en Alemania entre 1933 a 1939. Política que
también elogiaron, entre otros, nada menos que Winston Churchill.
Y con respecto a los gravísimos hechos acaecidos durante
el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, siempre me he limitado a señalar las mismas
dudas y cuestionamientos sobre la "historia oficial", que fundamentaron en
libros, conferencias, estudios e investigaciones, personalidades que nada tuvieron que ver
con el régimen nacionalsocialista, como ser el héroe de la resistencia francesa Paul
Rassinier, prisionero en campos de concentración alemanes durante varios años, que negó
la existencia de cámaras de gas en su libro "La Mentira de Ulises"; el
catedrático de fama mundial y de origen judío, Naum Chomsky, que prologó todos los
libros del revisionista Faurisson; o para ir a un caso más reciente, el del investigador
judío norteamericano Norman Finkelstein, cuyo libro "La industria del
holocausto", se ha distribuido en todo el mundo, traducido también al castellano, el
alemán y el árabe. Fue nada menos que Bruno Kreisky, el ex canciller socialdemócrata
alemán, de origen judío, quien calificó a Simón Wiesenthal de "ladrón de
honras", de "estafador", y de "lucrar con villanos inexistentes",
al referirse a su actividad como "cazador de nazis", cuestionando directamente
su condición de supuesto "sobreviviente" de un holocausto. En términos
similares al de Kreisky, se refirió a Wiesenthal en su momento el Dr. Fischbein, ex
director del Centro Judío de Nueva York.
Podría seguirme extendiendo sobre esta cuestión, pero
basten estas pocas fuentes para advertir que, a no ser que para Eduardo Feinman,
destacadas personalidades judías como Chomsky, Finkelstein, Kreiksy o Fishbein, respondan
a alguna conspiración "nazi", dudo mucho que sus opiniones divergentes sobre
hechos de la Segunda Guerra busquen "reivindicar el holocausto". Por lo tanto,
no es cierto que opinar en forma diferente sobre ese tema es sinónimo de
"nazismo", sino que son muchos los judíos en el mundo que ya no bailan al son
de las campañas de Wiesenthal o de las presiones mafiosas del estado genocida de Israel.
Finalmente, no opinaré sobre la madre de Feinman, quien
seguramente fue o es un santa que tuvo la desgracia de parir semejante alimaña. Pero
sería bueno que Feinman, si decide continuar servilmente con su campaña de locura
mediática, se concentre sólo en mi persona y deje en paz a mi pobre madre, una mujer
honrada y de toda una vida de trabajo, que está por cumplir 83 años.
Entiendo que el acomplejado y liliputiense Feinman, cuya
insignificante existencia sólo ha afrontado el desafío de traspasar zócalos y otras
cumbres acordes con su medida moral, no debería haberme hecho perder el tiempo en la
escritura de estas líneas. Pero a veces no queda más remedio que poner algunas cosas en
su lugar, por más pequeñas que éstas sean.
Buenos Aires, 25 de noviembre de 2002.

Alejandro Biondini
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